2012: un año clave

Vivimos tiempos volátiles. Volátil significa cambiante, inestable. Cuando eso ocurre, es difícil hacer previsiones. Me corrijo: es fácil hacerlas, lo difícil es que se cumplan. En abril de 2011, el FMI abría así su informe «Perspectivas de la economía mundial»: «La recuperación está cobrando ímpetu… El PIB real mundial crecerá alrededor de 4,5 por ciento en 2011 y 2012». Cinco meses después, la actualización del informe rezaba: «La economía mundial se encuentra en una nueva fase peligrosa… El PIB real de las economías avanzadas crecerá, según lo previsto, a un ritmo anémico de alrededor de 1,5% en 2011 y un 2 por ciento en 2012». En suma, que debemos tomar cierta distancia con las cifras y quedarnos con los grandes hechos. Lo indiscutible es que, después de una década prodigiosa, con dinero barato y viviendas en abundancia, hemos sufrido el azote de una crisis financiera mundial; otra (de deuda esta vez) regional, en la eurozona, y una profunda crisis de confianza local, tanto política como económica. Todo ello ha puesto de manifiesto nuestras vergüenzas: tenemos problemas estructurales, y 2012 será un año crucial para dejar de ir a la zaga. Un año clave. Quizás con 2013, el año en el que nos jugamos el futuro: el nuestro y el de nuestros hijos.

La contracción del último trimestre y el empeoramiento de la demanda interna con que terminamos el año auguran un 2012 gris. El año será como el kilómetro 30 ó 35 de un maratón, ese momento en el que aparece una especie de muro, y necesitas no sólo cuerpo, sino también mucha confianza en ti mismo para seguir adelante. No tengo duda que tocaremos meta, pero será duro. Hay cosas que parecen obvias: el ajuste del mercado inmobiliario continuará, pese a que los tipos de interés se mantendrán bajos; los salarios reales deberán seguir moderándose y los costos laborales, bajar. La flexibilidad en el mercado laboral es tan inevitable que será inminente. Lo mismo que la consolidación fiscal. En septiembre el FMI estimaba acabar el año con déficit del 6,1%. Zapatero hablaba del 6. Todos esperábamos un 7 o 7,5 por ciento, pero las cifras reales hablan de un 8. Eso significa que tendremos que hacer más esfuerzo para llegar más tarde: los severos planes de recorte de gasto incrementarán la contracción, de modo que será una gran alegría si el paro baja del 20% en 2012 y si en 2013 detenemos la sangría del PIB. Para este año, al menos tendremos una contracción de medio punto.

El Gobierno de Rajoy va a tener que hacer equilibrios difíciles si quiere llegar al 4,4 por ciento de déficit: no debe descuidar nuestra renta disponible (el consumo de los hogares está por los suelos y la tasa de ahorro no logra acomodar el efecto renta negativo) pero necesita recaudar para cumplir ese objetivo. Muchos auguran que no lo cumplirá. Yo no estoy entre ellos. Hay equipo y cosas por hacer. Y joyas por vender. Además, pese a la caída de la demanda interna, las exportaciones siguen constituyendo un balón de oxígeno; menor, sin duda, pero no pequeño.

En suma, un año complicado, pero clave. Un año de vacas flacas, pero de vacas. Es posible que veamos rebajas adicionales de la calificación de nuestro país y una profunda reestructuración del sistema financiero, pero eso no quiere decir que no seamos solventes, cuanto que estamos en el kilómetro 30. Y seguimos corriendo.

Publicado en La Razón el 2 de enero de 2012

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