Los crímenes del número primo

Una investigación que lleva a la juez Lola MacHor a adentrarse en el corazón de las tinieblas.

La juez Lola MacHor está a punto de enfrentarse a la experiencia más terrible de su carrera: dos cuerpos con vestes clericales son encontrados en una remota ermita, brutalmente asesinados, y los cadáveres aparecen rodeados por una importante cantidad de dinero y de un antiguo Lignum Crucis. Poco después, el arzobispo de Pamplona recibe en su palacio un extraño paquete: un dedo humano dentro de un pequeño ataúd. A partir de estos hechos, obra sin duda de una mente calculadora y perversa, la juez MacHor inicia la investigación.

Con la colaboración de Juan Iturri, un inspector de la INTERPOL y viejo amigo, y la inesperada ayuda del padre Chocarro, un antiguo matemático reconvertido en místico, empieza la búsqueda del asesino. Pero los crímenes no han hecho sino comenzar, y pronto descubrirán que ellos mismos forman parte de un plan mucho más amplio, donde las voces del pasado resuenan con los ecos de la venganza, y que sus propias vidas estarán en peligro. En una carrera contra el tiempo, sólo disponen de una pista para localizar al autor de los crímenes: un número primo.

2 Comentarios

  1. Estube hasta las 4 de la mañana leyendo el libro para terminarlo, teniendo que trabajar al día siguiente, pero no podía parar de leer… Me encantan todos tus libros!

    Responder
  2. Le adjunto un comentario de quien ha conocido de cerca la realidad de un juzgado, y sabiendo que la realidad no tiene por qué importarle un pimiento a un novelista, sí debo decirle que muchas personas pertenecientes al Cuerpo Superior JURIDICO de Secretarios Judiciales se han visto ofendidos por un retrato tan poco real y tan vejatorio, especialmente para las mujeres.
    Mejor documentación para la próxima novela…..cito del usuario LAKY EN CIAO

    ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº
    He dicho al principio que tenía ganas de leer esta novela porque la protagonista era una jueza. Ello se debe a que yo he trabajado en un Juzgado de Instrucción y conozco el mundillo ese de la investigación de delitos; por eso me hacía ilusión que “conociera” el trabajo de la protagonista. No obstante, esto ha hecho que vea los únicos puntos negativos del libro. Y es que la novela tiene fallos. Supongo que muchas los tienen cuando se refieren a algún trabajo o especialidad que el escritor no conozca de primera mano pero, claro, en la mayor parte de los casos a mí me pasan desapercibidos. No ha ocurrido así en este caso. Sé cómo se instruye un caso de asesinato y sé cómo trabajan los jueces. Y lo que hace la protagonista de la novela no tiene nada que ver con el trabajo judicial. Por supuesto, hay cosas perdonables, como una “licencia poética”. Evidentemente, si se ciñese únicamente a lo que hacen los jueces, la novela sería terriblemente aburrida; por eso, paso por alto el hecho de que la jueza esté todo el día fuera del juzgado investigando con la policía, incluso desplazándose a lugares fuera de su jurisdicción. Si la jueza estuviese todo el día trabajando en el despacho, como realmente ocurre en la realidad, la novela sería soporífera. Pero es que las licencias tienen un límite. Pongo, a manera de ejemplo, algunos de los fallos “técnicos” que he encontrado:
    .- El papel del Secretario Judicial. Para Reyes Calderón, el Secretario Judicial viene a ser un ayudante personal del juez, algo así como la secretaria del presidente de una empresa. Nada más lejos de la realidad. Los Secretarios Judiciales son funcionarios del grupo A (el grupo de más rango dentro de cualquier Administración Pública); por tanto, su nivel es el mismo que el de los Registradores de la Propiedad, Fiscales, Inspectores de Hacienda y de los mismos Jueces y Magistrados. Para ser Secretario Judicial hay que tener la carrera de Derecho y aprobar una oposición durísima, de casi 300 temas. En el Juzgado, su función es la de dar fé (a la manera de un Notario) y es el jefe de personal. No es un subordinado del Juez sino que simplemente tienen funciones distintas.
    .- La juez se extralimita en sus funciones. Un juez no investiga, para eso está la policía, sino que instruye. Puede y debe pedir la ejecución de pruebas, pero no las practica ella fuera de su Juzgado. Es decir, si hay un testigo de los hechos, le llama al Juzgado y allí le toma declaración; no se desplaza a donde vive el testigo (salvo casos muy concretos, de enfermedad, por ejemplo y siempre dentro del territorio de su jurisdicción).
    .- Una juez navarra no tiene nada que hacer en Málaga, salvo ir de vacaciones. Fuera de su jurisdicción no es nadie.
    Y así varios supuestos más. La autora dice que ha sido asesorada por expertos en Derecho Procesal. No lo pongo en duda pero, o bien no la han asesorado bien, o bien no lo ha entendido.

    En fin, yo me inclino por una tercera hipótesis o tertium genus….que por mor de la “vistosidad” tan ajena al ordinario ejercicio de la jurisdicción, qué puede importar ofender o menospreciar a un colectivo faltando a la verdad.

    Responder

Envía un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *