Del «ormigón» y otras modernidades

Estoy corrigiendo exámenes. Leo hormigón sin hache y aprovechar con b. Lo último no es tan grave: en España tenemos aprovechados de todo tipo. Quizás, tras la burbuja, la palabra hormigón haya caído en desuso y sea comprensible. Pero me preocupa el mar de fondo. Una chica dice que PNV significa «Producto Nacional Vruto», otro que polígono es un hombre con muchas esposas. Que Beethoven escribió «Para Luisa» en la época de Franco o que el Teide está en Mallorca, donde veranea el Rey. Demasiados piensan que los habitantes de Ceuta son centauros, que Sancho Panza es el ayudante del Cid y que Homero es un jugador del Málaga Club de Fútbol. Pero, que las fases de la luna sean llena, nueva y menos cuarto me inquieta menos que piensen que eres lo que bebes, que vales según el móvil que calzas o que si no copias no eres de fiar. Me alarma que las provincias gallegas sean Cataluña, Lugo, Orense y Pontevedra, que en el Barroco todas las cosas sean de barro o que no sepan que Soria existe (¡que sí: yo la he visto!), pero más me inquieta que un porcentaje (pequeño, pero no insignificante) carezca de ambición personal, de grandes ideales o de principios; que se rían (lloren o droguen) por la sólida razón de que la murga se ríe, llora o droga. No sé, don José Ignacio, querido ministro, si tiene que haber más años de Bachiller y menos de Secundaria, más o menos Educación para la ciudadanía. Tampoco si acertaremos con las métricas, como planteó en su toma de posesión. Desconozco (aunque alguna obviedad...

Esos locos bajitos

Si sostenible es el desarrollo que permite satisfacer necesidades presentes sin comprometer a las generaciones futuras, nuestro patrón de desarrollo económico fue, en los últimos años, completamente insostenible. Como Zapatero se enteró tarde y mal, 2012 trae durísimos ajustes. ¿Suficiente? En absoluto. Sin valores sostenibles no hay desarrollo sostenible. Y en austeridad flaqueamos. Por una vez, sin que sirva de precedente, la culpa no es toda del Gobierno. Deloitte cifra en 668€ nuestro gasto medio navideño (un 33% más que Alemania); 393 para regalos. Algunos, con el agua al cuello, buscan salidas colaterales, tantas que las solicitudes de préstamos on-line aumentaron un 50%. ¿Manirrotos? No siempre. Los adultos recibimos regalos útiles y más baratos. Pero el 30% eligió el producto por su marca y el 18% no miró el precio. «Es para el niño, ¿sabe usted?». De quien hablan los cándidos papás es de ese exigente y aburrido joven que piensa que la crisis, como el coñac, es cosa de padres. Uno de cada dos jóvenes norteamericanos pidió un iPad2 (500-800); los españoles, iPad2, iPhone4S (600€) o regalos de moda, esos que se agotan nada más reponerlos. ¿Crisis? Sí, pero que al niño nada le falte. Nos equivocamos: esos locos bajitos, a los que cantaba Serrat poseen extraordinarias capacidades adaptativas. Ninguna sociedad/familia sucumbe por carecer del último videojuego. Es más, aburrimiento y desidia son directamente proporcionales al número poseído. Estamos educando una generación blandiblú, incapaz de apreciar nada (familia incluida). Apreciar es poner precio, primohermano del esfuerzo. Dentro de una década –madrugón; 50’ de metro, 10h de curro y sueldo mileurista–, ¿qué? ¿Prozac? El desarrollo sostenible es austero y...

2012: un año clave

Vivimos tiempos volátiles. Volátil significa cambiante, inestable. Cuando eso ocurre, es difícil hacer previsiones. Me corrijo: es fácil hacerlas, lo difícil es que se cumplan. En abril de 2011, el FMI abría así su informe «Perspectivas de la economía mundial»: «La recuperación está cobrando ímpetu… El PIB real mundial crecerá alrededor de 4,5 por ciento en 2011 y 2012». Cinco meses después, la actualización del informe rezaba: «La economía mundial se encuentra en una nueva fase peligrosa… El PIB real de las economías avanzadas crecerá, según lo previsto, a un ritmo anémico de alrededor de 1,5% en 2011 y un 2 por ciento en 2012». En suma, que debemos tomar cierta distancia con las cifras y quedarnos con los grandes hechos. Lo indiscutible es que, después de una década prodigiosa, con dinero barato y viviendas en abundancia, hemos sufrido el azote de una crisis financiera mundial; otra (de deuda esta vez) regional, en la eurozona, y una profunda crisis de confianza local, tanto política como económica. Todo ello ha puesto de manifiesto nuestras vergüenzas: tenemos problemas estructurales, y 2012 será un año crucial para dejar de ir a la zaga. Un año clave. Quizás con 2013, el año en el que nos jugamos el futuro: el nuestro y el de nuestros hijos. La contracción del último trimestre y el empeoramiento de la demanda interna con que terminamos el año auguran un 2012 gris. El año será como el kilómetro 30 ó 35 de un maratón, ese momento en el que aparece una especie de muro, y necesitas no sólo cuerpo, sino también mucha confianza en ti mismo para seguir...